martes, 25 de septiembre de 2018

En la colegiata de Toro (Zamora)


Dentro de la colegiata de Toro, provincia de Zamora, hay un pórtico policromado (antes estaba fuera, pero lo pusieron dentro para que no lo estropearan los vientos y las aguas) que es como pra ir a echarle una ojeada. En la foto sólo se ve un trozo, pero es muy grande, un pórtico entero, y de un gótico primitivo. Los aficionados a esto del arte... Y además, también se puede ver ESTO OTRO.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Libro gratis

NOTA PRELIMINAR: este libro se podrá descargar libremente del 10 al 14 de este mes de septiembre en el siguiente enlace: 


Como se ve, esto se hace en Amazon, por lo que podéis andar descuidados, que no os van a meter virus o troyanos.

 
Este libro es la primera parte de eso que llaman una serie (o un culebrón, bueno), es decir, una narración por entregas. Esta tiene cuatro partes que se llaman Allegro vivace, Rondeau, Scherzo allucinante y Andante con moto e finale
Como se ve son títulos musicales, pero esto no es sino un ardid para llamar la atención, porque la novela entera se llama de una manera mucho más transparente: La aventura de las luces azules, o por abreviar, La aventura (a secas). ¿Y de qué va? Pues se podría decir que es la historia de tres seres (Eduguá, la negra y el cachalote) que viven durante el siglo XXI, y durante su transcurso les sucede de todo –incluido que lleguen a conocerse–, por lo que, en cierto sentido, es futurista. No de ficción científica, pues aquí de ciencia se habla poco (algo sí, por supuesto, que el asunto lo llama), pero podría calificarse más bien como una historia de personajes normales..., aunque dentro de lo que cabe –habría que añadir–, porque dos de ellos son telépatas, con lo que tal peculiaridad conlleva, y unos seres de los que no sabemos nada (los que nos miran desde la estrella, que dice el cachalote), llegado el momento tienen que intervenir para que los acontecimientos sigan su curso natural...
Bueno, no digo más. La cosa es larga (800 páginas las cuatro entregas), y ya podéis imaginar que semejante extensión da para que sucedan muchas cosas.

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Además, si queréis ver otros libros (cosas de todo tipo, aunque sobre todo novelas), id a ESTE ENLACE.



viernes, 10 de agosto de 2018

Posible escenario para una aventura



O para una novela que, en todo o en parte (o en sueños), se desarrolle durante el verano. Y aquí vendría bien decir aquello de

» [...] y compuse la cara, agité el vaso y, más que cantar, declamé, eel fina-al... deel verano... llegó, y tú partirá-as..., yoo no seé, haasta cuándo, este amor... recordaraás..., [...]

»Bueno, sí, ha llegado el final de nuestro verano, dijo Charli un día que estábamos en la casa de la plaza de La Aduana alrededor de la camilla, pero es que todos los veranos se acaban y bastante ha durado el nuestro, ahora mismo empiezan otros, todos los días empieza el verano para alguien, jovencitos del planeta entero, negros, verdes, cobrizos, incluso blancos... [...]

... lo que es un mínimo fragmento de un libro que se llama Charli en Wonderland y en el que se habla de aquellos veranos de la época del rock and roll,  cuando comenzaron a verse elementos que luego han sido tan comunes como las minifaldas, los pantalones vaqueros, las guitarras eléctricas y los bikinis... En fin, no quiero ni acordarme y hablemos mejor de los tiempos futuros, es decir, los que se describen en La aventura de las luces azules, narración futurista en la que se abordan asuntos tales como la telepatía o la comunicación con inteligencias extraterrestres que no quieren ni vernos (no me extraña, por otra parte) y tienen como interlocutores a los cetáceos... ¿Suena raro? Pues no lo es tanto, y cualquiera puede echar una ojeada a los asuntos mencionados en los enlaces de arriba.
Y como siempre, también existe ESTO.

jueves, 2 de agosto de 2018

Libros de aventuras para leer este verano




Ya podéis ir preparando el lector y la cabeza, porque si esta estación que viene, el verano, se os complica (o sea, que os deja la novia o el novio, o en el trabajo se niegan a daros vacaciones, u os meten en la cárcel o en el hospital, o llueve..., o lo que sea), siempre podéis salvar el escollo y viajar, sí, viajar, aunque sea con los ojos de la mente, que tampoco es mala forma de hacerlo. Para ello, ¿qué mejor ocupación que la de leer libros de aventuras?
A los que les gusten estos libros, y que además sean narraciones históricas, les puedo recomendar varios:
Ojos azules, que se puede ver aquí: https://www.amazon.es/dp/B072N822Q9
El viaje del morisco, aquí: https://www.amazon.es/dp/B079TBP55B
o Dios conmigo, aquí: https://www.amazon.es/dp/B018XOY7NU

Los detalles, es decir, de qué van, cuánto valen (baratísimos), quiénes son sus protagonistas y todo eso, se pueden ver en las páginas indicadas, en las que se dan toda clase de pormenores. Eso sí, y esto es de mi cosecha: son libros serios, sin tonterías.

Los anteriores, aparte de pertenecer al género de aventuras, son libros históricos, que podríamos decir, pero también hoy otros contemporáneos (que a lo mejor os gustan más) AQUÍ.


jueves, 12 de julio de 2018

La España actual en siete fotos



Hacía mucho que no me daba una vuelta por la geografía española, viaje que con anterioridad había realizado repetidamente, y esta primavera he vuelto a tomarme semejante libertad. ¿Resultado? Pues regular, para qué voy a decir otra cosa. En las costas hay demasiadas viviendas,


y en las carreteras que las recorren, demasiadas rotondas, demasiados pasos de cebra, contenedores de basura, badenes, bandas sonoras, limitaciones de velocidad..., que las convierten (incluso las nacionales) en calles larguísimas a las que no se ve fin y te hartas de transitar.


También podría hablar de las plazas mayores, incluso las monumentales, convertidas en terrazas de cafetería, de las que hay muchísimas,

Plaza Chica de Zafra: una cafetería en cada plaza mayor.

e igualmente se observan demasiadas menciones a la comida. El letrero más repetido en las carreteras españolas es parrillada, seguido por chuletón y menú del día. ¿De verdad estamos los españoles muertos de hambre? No lo creo, aunque alguien se está empeñando en que lo pensemos.

La comida de siempre: 
el caldo gallego que aparece en la foto y estaba buenísimo, 
es de un bar de Lugo

Es verdad que la mayor parte de los españoles (más del 80%) están contentos con el país que tienen y no les gustaría que lo tocasen,

Llanura castellana durante la lluviosa primavera que ha transcurrido

pero España es un país viejo, con mucha historia, muchos siglos a cuestas. Es como una vieja encina a la que pesan las ramas,


y como los árboles y cualquier ser vivo (cualquiera de nosotros), está aquí de paso. Algún día todo se derrumbará, probablemente para transformarse en algo nuevo. ¿En qué? ¿En un conglomerado de repúblicas en que los mandamases campen por sus respetos, como sucede ahora mismo? No lo quieran los dioses... Un renacimiento es difícil que llegue, aunque ¿quién sabe? La moderna historia de España, que comenzó con el descubrimiento de América, surgió de unas cenizas, pues los siglos anteriores, el XIV y el XV, también habían sido caóticos para el país en conjunto. ¿Volverá a suceder lo mismo? En tal caso, a ver qué descubrimos ahora más allá de los mares...



Y hablando de movidas, a sus amantes recomiendo ESTO.

miércoles, 27 de junio de 2018

Horrores del estado del bienestar


 
El estado del bienestar tiene sin duda grandes ventajas, como las viviendas, los hospitales, los ascensores, los vehículos (sin olvidar las vacaciones), que están al alcance de todos, pero ese mismo mecanismo, que podríamos llamar de masificación, produce efectos indeseables. Por ejemplo, la imagen que antecede a estas líneas.
Es fácil encontrar en la geografía española lugares como este. La foto podría estar hecha casi en cualquier parte, una calle de un lugar anónimo (este está en la costa mediterránea)... con la salvedad de que no es una calle. Es una carretera, y una carretera importante, nacional. Hay muchos lugares en nuestro país en donde sucede semejante fenómeno (sobre todo en zonas costeras). Los pueblos, debido a su crecimiento, se agrupan unos con otros, y el resultado para quien recorre esa carretera es un constante transitar por lugares poblados, con todos los inconvenientes que eso conlleva.
A veces se hacen veinte, treinta, cincuenta o más kilómetros por una interminable calle plagada de bloques, pasos de cebra, semáforos, rotondas, badenes, bandas sonoras, continuas limitaciones de velocidad a 50 k/h, a 40, a 30, a 20... Los coloristas contenedores de basura son el adorno más frecuente, aunque también abundan las terrazas de cafetería (con las inevitables sombrillas) y letreros en los que mayormente se menciona la comida: el término parrillada es el más frecuente en muchísimas carreteras españolas, seguido por menú del día, chuletón y otros varios que gozan de una celebridad que parece infundada. A veces pienso que el pueblo español está muerto de hambre, tal es su abundancia.
Y si uno, por encontrar algo de variedad en el paisaje tras tantos kilómetros de uniformidad, se desvía por alguna de las calles laterales en busca de una bocanada de aire fresco, se expone a entrar de lleno en el reino del terror o de la más siniestra ciencia ficción. Ni en las peores pesadillas podríamos imaginar lo que tras los bloques se encuentra, un ejemplo de lo cuál puede verse en la siguiente fotografía.



(Nota: tengo más fotos como las anteriores, pero ya las pondré otro día.)

Y bueno, el que quiera saber más, que mire AQUÍ, donde a veces (tampoco con frecuencia) se hace mención de este asunto y otros parecidos.

jueves, 7 de junio de 2018

Las mejores novelas de aventuras: las de Julio Verne

Julio Verne a los 25 y a los 50 años


Por supuesto, leí las novelas de este señor cuando era pequeño, y tenía buen recuerdo de ellas; muy difuso, pues los años no pasan en balde, pero conservaba vivas la idea de su ingenio y la amenidad de sus relatos. El caso es que ahora he vuelto a leer diez de ellas, seguidas, que son:

Cinco semanas en globo
La isla misteriosa
Veinte mil leguas de viaje submarino
La vuelta al mundo en ochenta días
La esfinge de hielo
El volcán de oro
Miguel Strogoff
Dos años de vacaciones
Viaje al centro de la Tierra
Alrededor de la Luna

... y tengo que decir que este autor es un genio.
Dejando aparte las malas traducciones (a veces pésimas, aunque a veces, no se sabe por qué, medianamente correctas) y las peores ediciones (esto de las ediciones electrónicas clama al cielo), el fondo que te queda tras acabar semejante lectura (y salvar los innumerables escollos de las impresentables y ya citadas ediciones) es magnífico.
Por ejemplo: todos estos libros tienen algo en común, y es que en ellos, amén de las continuas aventuras con que adorna el relato, va pasando revista a lugares que en su tiempo eran casi desconocidos.

En Cinco semanas en globo es África de este a oeste (desde Zanzíbar a Senegal) vista desde el aire.
En La isla misteriosa: aventuras de unos náufragos en una isla desierta, a la que sacan el mayor partido posible.
Veinte mil leguas de viaje submarino: descripción del fondo del mar, y no de un mar, sino de todos los océanos, pues el larguísimo viaje transcurre por el Pacífico, el Índico, el Mediterráneo y el Atlántico.
La vuelta al mundo en ochenta días: como dice el título, la vuelta al mundo en su época, para lo que utiliza todos los medios de transporte imaginables: barcos, ferrocarriles, carros, elefantes..., e incluso un trineo a vela en el que los viajeros recorren parte de las llanuras centrales de los Estados Unidos.
La esfinge de hielo: viaje hasta el polo sur, en donde supone que hay un océano navegable. (Esta novela es una especie de continuación de La narración de Arthur Gordon Pym de Edgar Allan Poe.)
El volcán de oro: acerca de la vida en los placeres auríferos del norte de Canadá, lindando con Alaska, más allá del círculo polar.
Miguel Strogoff: relato de un viaje ambientado en Siberia, cuyos protagonistas la recorren desde Moscú a Irtkusk, casi en las mismas orillas del océano Pacífico.
Dos años de vacaciones: nueva narración de náufragos, en la que los protagonistas son un grupo de niños de seis a catorce años, capaces (como en La isla misteriosa) de sacar el máximo partido a sus adversas circunstancias.
Viaje al centro de la Tierra: los expedicionarios (un profesor loco, su sobrino y un islandés) no llegan al mismo centro, pero efectúan un largo recorrido por parajes fantásticos.
Alrededor de la Luna: continuación del libro llamado De la Tierra a la Luna, en el que se relata el viaje hasta la Luna, su circunnavegación y la vuelta a la Tierra.

Mi opinión es que la mayor parte de estos libros son unos monumentos de lectura obligada para los aficionados al género de aventuras. Tan sólo los dos últimos citados (Viaje al centro de la Tierra y Alrededor de la Luna) me han parecido un poco más flojos, quizá porque los lugares en los que transcurren son hoy más conocidos y choca el exceso de fantasía, pero el resto resultan totalmente creíbles, y la cantidad de datos que aporta sobre los lugares que describe va mucho más allá de lo esperado.
Julio Verne es conocido como «el padre de la ficción científica», y no en vano, puesto que imaginó máquinas que entonces no existían y hoy han sido construidas. Por ejemplo, las naves espaciales del programa Apolo o el submarino de Veinte mil leguas de viaje submarino, perfecto trasunto de los sumergibles nucleares existentes, tanto en su tamaño como en el aspecto con que lo describe. Es verdad que el suyo no era nuclear, sino eléctrico, pero esto, si bien se piensa, es un detalle menor, y para que se vea hasta qué extremo llegan estas semejanzas, el primer submarino nuclear que se construyó en los Estados Unidos (también el primero que pasó sumergido bajo el polo norte, lo que sucedió en 1958) fue bautizado con el nombre que dio Verne al suyo: Nautilus.

Una circunstancia que llama la atención y merece la pena reseñar es que los protagonistas de estas aventuras son casi todos hombres; algunos, como Phileas Fogg o el capitán Nemo, muy famosos. En los diez libros citados, tan sólo hay tres mujeres que tengan algún peso en el desarrollo de las historias: Nadia, en Miguel Strogoff; Aouida, en La vuelta al mundo en ochenta días, y, en menor medida, Kate, una chica que llega a la isla, igualmente náufraga, y que aparece casi al final de Dos años de vacaciones. Sin embargo, este es un detalle que, al menos para mí, carece de importancia. Él escribió lo que quiso, y no podemos por menos de agradecérselo.
Otras novelas de este autor, no citadas aquí, son: Los hijos del capitán Grant, Escuela de robinsones, Un capitán de quince años, Matías Sandorf, El soberbio Orinoco, El castillo de los Cárpatos, El archipiélago en llamas y muchas otras que podéis ver aquí: https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Bibliografía_de_Julio_Verne

De paso, también podéis ver esto otro:
Novelas de aventuras de Camargo Rain: