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jueves, 26 de noviembre de 2020

El título, la sinopsis y la portada de un libro

 

A la hora de VENDER un libro que hayas escrito es fundamental pensar en una serie de elementos, a saber, el título, la sinopsis y la portada. El título es importante, por supuesto (es el primer indicio que va a tener el lector, pista trazada con letras), y es mejor que sea corto, como Tormento, La torre, La aventura, Viaje al verano, etc., aunque a veces te salen largos, caso de Animales y otros fenómenos eléctricos.

La sinopsis es clave, pues es lo primero que los potenciales clientes van a leer, y si no les gusta lo que en ella se dice… Para las sinopsis hay que huir de esquemas manidos, y desde luego, debe ser corta y tiene que estar redactada exquisitamente.

Y en lo que toca a la portada, es la cara del libro, y teniendo en cuenta eso de que la cara es el espejo del alma… Aquí debajo, a título de ilustración, pongo la del último libro que he subido a Amazon. 

 



Hablando de esto de las portadas, también se podría hablar de las imágenes que utilicéis para promocionar el libro (en blogs, en páginas, en cartas que dirigís a los demás…), asunto en el que conviene pensar, ya que según se sabe, una imagen dice más que cien palabras, y aunque no estoy totalmente de acuerdo con este enunciado, no cabe duda de que en esta era de la imagen, las que acompañen a vuestras palabras también deben estar cuidadas. Yo utilizo cosas como la que sigue:

 

 

o esta para ilustrar una novela ambientada en la Edad Media:

 

 

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Más fotos, aunque estas dedicadas a los siempre fantásticos paisajes españoles (en la actualidad), se pueden ver AQUÍ, y si te quedas con ganas, sigue con ESTAS.

A los heliogábalos seguramente les gustará ESTE SITIO.

Libros gratis (Cuentos de hadas, Edad de las tinieblas…, y no te asustes que todo es legal: no hay virus, ni troyanos, ni piden ninguna dirección ni nadie se va a enterar de lo que hagas, etc.), hay AQUÍ,

… y novelas de aventuras como las de los viejos tiempos, ¡CLIC!

 

sábado, 10 de febrero de 2018

Mecanismos a la hora de escribir relatos



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Tretas de un escritor

Cuando se está escribiendo un texto largo (una novela, pongamos por caso), conviene utilizar un cierto método y no hacerlo a lo loco: utilizar un método ahorra mucho trabajo.
Por supuesto, es preciso partir de un esqueleto, un esquema, un índice o como quiera llamársele, pues los acontecimientos que se describen deben obedecer a un desarrollo lógico, en el tiempo y en el espacio. Este esquema, por otra parte, no es fijo y sufrirá mil variaciones durante la redacción, lo que a su vez obligará a modificar acontecimientos anteriores o posteriores a lo que se está narrando, pero eso no importa. Se hacen los cambios oportunos para que todo vuelva a cuadrar y listo. La cantidad de cambios que sufre un relato durante su elaboración es algo que daría para escribir un libro entero.
Sin embargo, cuando hablo de un método, no me refiero a eso. Me refiero a la serie de mecanismos que hay bajo la escritura y luego no ven la luz. Por ejemplo, el hecho de ir guardando los archivos sucesivos.
Una novela suele ser un archivo en el formato que cada cual utilice (los más usuales son los de Word o los del Writer de LibreOffice, programas muy parecidos y prácticamente intercambiables). Pues bien, lejos de utilizar siempre el mismo archivo, conviene hacer uno cada vez (cada día, cada semana) que se escriba algo. Esto es muy sencillo.
Imaginemos que estamos escribiendo un libro que se va a llamar Viaje a la Luna. El archivo que lo contiene se llamará, por tanto, Viaje a la Luna, y si uno es cuidadoso, lo albergará en una carpeta que se llame de igual manera, pero, ¿sólo eso? No. Es preferible ir distinguiendo unos archivos de otros, y para ello lo más fácil suele ser llamar al archivo de cada día por su fecha: por ejemplo, 180208-viaje a la luna.
¿Qué significa esta clave? Pues, sencillamente, que es la versión de ese libro a la que se dio fin el 8 de febrero de 2018.
Al día siguiente (o cuando sea que se continúe), se abre ese mismo archivo y se le dice, Guardar cómo, 180209-viaje a la luna. Se guarda con ese nuevo título (en este caso, el del día siguiente) y se sigue escribiendo. Y así sucesivamente.
Por supuesto que todos estos archivos se deben ir moviendo a una carpeta que habremos creado en la que se llama Viaje a la Luna, la cual, a su vez, se puede llamar Archivos sucesivos.
¿Qué se consigue con ello? Varias cosas. La primera: ir conservando las versiones antiguas del escrito, que es muy posible que nos resulten necesarias cuando avance la redacción. La segunda: cuestión de seguridad. Si un día tienes un accidente informático, que no son muy habituales pero en ocasiones ocurren, siempre puedes volver al archivo guardado el día anterior.
Otra cuestión: antes de cerrar el archivo, cuenta las palabras y las páginas y apunta las cifras al final del texto. (Por si alguien no lo sabe, hay una orden en estos programas que se llamar Contar palabras y hace exactamente eso. En Word está en Herramientas.) De esta manera, además, restando de lo anterior podrás averiguar la cantidad de palabras que escribes cada día, cada semana, cada mes...
¡Ah!, y si apreciáis en algo vuestra labor, tras cada sesión conviene guardar el nuevo archivo en un pen (o en la nube los muy modernos), pues nadie sabe lo que puede suceder en el futuro.
Un último asunto son las sobras. Cuando se está escribiendo suelen producirse muchas sobras, es decir, oraciones o párrafos que van siendo sustituidos y ya no pintan nada. Hay quien los borra, pero yo prefiero (a esto he aprendido con los años) irlos echando hacia delante, al fin del epígrafe, del capítulo o incluso del libro, y amontonarlos en una página en cuya primera línea se lee: SOBRAS. Estos son materiales que casi nunca se utilizan, pero en ocasiones te puedes decir, ¿y cómo era aquello que...?, porque lo que antes no servía, ahora, de repente...

Y bueno, con lo anterior espero haber dado algunas ideas. El que quiera saber más, que mire en ESTE SITIO 

jueves, 2 de noviembre de 2017

Cómo hablan los personajes de los libros


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Cuando uno se pone a escribir debe adoptar identidades dversas, y por lo tanto meterse en la piel de los actores, puesto que los personajes deben hablar como lo que representan. Por ejemplo, los niños. Así que cabría preguntarse, ¿cómo hablan los niños?
Aquí debajo pongo unos ejemplos:

Niña de 6 años hablando de las letras
Los protagonistas de los cuentos tienen el cuerpo hecho de sopa de letras, sí, y no sólo los protagonistas, también los personajes secundarios, el leñador y la bruja del bosque y tantos otros; los animales de sus corrales y los lugares en que todo aquello sucede, los bosques y los paisajes y hasta el fondo del mar, todo está hecho de sopa de letras. Los cuentos que yo he leído son una pura sopa de letras, no hay más que ver las páginas un poco de lejos, y esto es así porque sucede un fenómeno inexplicable y que voy a intentar aclarar. Los ojos de la cara ven letras, sí, pero los ojos de la mente..., fíjense ustedes, los ojos de la mente no ven letras sino que ven cuerpos, ven actitudes, ven paisajes y nubes y objetos de todo tipo... ¿No es esto precisamente la magia?
En mis cuentos yo he visto mil y una máquinas y entidades. Ranas verdes, brujas, leñadores, barcos de tres palos, hermanos perdidos en un bosque, cielos estrellados, bellas durmientes, y sin embargo sólo veía letras, igual que ve usted, quien me mira. Son los caprichos y las ilusiones de la mente, lo que sucede cuando nos adentramos en el reino de los pensamientos encantados, lo que nos sugieren las infinitas sopas de letras que danzan en el Universo, incluida la de pasta. A mí antes no me gustaba mucho, bueno, no me gustaba nada, eso de los fideos no se ha hecho para mí, voy a decir la verdad, los macarrones sí, ¡mmmmh...!, ¡están buenísimos!, pero las sopas..., y entonces un día Maná me dijo, [...]
(Lo anterior es de ESTE LIBRO.)

Niña de 14 años que regresa de una estación de esquí y no puede parar de hablar
La niña volvió de su viaje contando y no acabando, sobre todo de los chicos con los que había ligado,
porque ligamos nosotras, ¿verdad?, que ellos lo único que hacen es el tonto, bueno, y aceptar como corderitos lo que les des, ¿a que sí...?, o eso dice Candela, ¿tú qué crees?, ¿es verdad o no?, sí, hija, es casi verdad del todo, bueno, pues Rosana y yo, y las demás, claro, teníamos a todos los de otro colegio el día entero detrás, se venían a comer a nuestro comedor y nos invitaban a todo, a helados y a coca colas y a ir por la noche a la discoteca, pero nosotras les dijimos que no, que de quedar, nada, que ya nos veríamos allí, y por la noche íbamos y allí estaban todos, en fila..., ¡jo, y no veas...!, ¿tú has bebido alguna vez un cubata?, yo bebí un poco, con Rosana, que nos invitó uno que era algo mayor porque a nosotras no nos daban, y estaba asqueroso pero al final nos lo acabamos, y te entra una marcha..., nos pasamos la noche bailando las dos en mitad de la pista y nos tuvieron que echar, bueno, y a otros varios, porque no nos queríamos ir, y entonces salimos afuera y estuvimos hablando, que hacía muchísimo frío, y al cabo de un rato salió una de las señoritas y nos hizo meternos a todos y nos mandó a cada uno a su cama, ¿y sabes qué?, pues que algunos de los chicos llevaban hasta corbata, que no sé para qué la llevaban pero la llevaban, y luego, a los pocos días, resultó que había uno que tenía una cámara muy grande y estaba venga a decir que nos quería hacer fotos, y algunas dijeron que no pero yo dije que bueno, que a mí no me importaba, y me hizo algunas pero me decía que me tenía que cambiar de ropa, y como allí casi no tenía, porque no teníamos más que los monos de esquiar, me vestí con la ropa de Rosana y de otras, con una minifalda que tenía una y hasta con los bikinis, porque había una piscina caliente desde la que se veía toda la nieve, y estábamos todo el día allí metidos..., aunque también esquiábamos, ¿eh?, pero hacíamos las dos cosas..., y me ha dicho que las fotos me las va a mandar a casa.
(Lo anterior es de ESTE LIBRO.)

Niña de 5 años soñando
El borroso escenario se presenta desierto y sólo algún pájaro que los sobrevuela graznando pone una nota melancólica en el ambiente... Difuso cielo azul recortado por los árboles... Lo hondo del bosque... Todo se mueve, sí, todo se mueve... Ilusiones, fantasías, espejismos y apariciones que se abren paso a viva fuerza y de ninguna manera podemos gobernar...
Mará, de repente, ve un oso. Está allí, a su lado, con el largo hocico peludo, sentado en el suelo y la espalda apoyada en un árbol. Sin embargo, el oso no la ve a ella. No, no me ve. Soy invisible. Bueno, no, mejor: soy gaseosa, como una nube o un ángel que se estira y se encoge. ¡Boing...! Ahora paso delante de él, y el oso, que es negro, es oscuro, sin abrir los ojos sacude la cabeza y se come una mosca. ¡Clac! El sonido de las mandíbulas infunde respeto, es mejor no acercarse por si acaso, el oso no me ve, no me siente, pero ¿y si se confunde y cuando le meta el dedo en la boca pasa otra mosca? Porque si quiero le meto el dedo en la boca... No, mejor en la nariz... ¡Ayyy...! ¿Qué sucede? Mamut, que también es un espíritu de la tarde y ha crecido, es más grande que el oso..., ¡hala...!, me contempla con sorpresa. ¡Mira...!, ¡tiene la nariz llena de mocos...!, y él se arrima y husmea. No, mi ama: es miel. ¡Ah, miel...!, menos mal. Mamut tiene la voz de una persona mayor, a lo mejor es una persona mayor, desde luego es grande, y como es una persona mayor, me protege y no tengo miedo de nada. Los dos somos como sombras luminosas que culebreamos y estamos aquí y estamos allá, tan pronto en este sitio como al otro lado del camino de tierra, donde se revuelcan los jabalíes, que tampoco pueden hacernos nada, ¿cómo nos lo van a hacer si somos los espíritus del bosque?, eso, ¡qué divertido!, podemos subir y bajar por los troncos de los árboles sin que nadie se dé cuenta, ni las mariquitas, ¿a que sí?, y las mariquitas mueven la cabeza arriba y abajo y, todas a una, dicen, sí, es verdad, sois como espíritus del bosque, pero ¿a que no sabéis cómo se llaman los espíritus del bosque?, y yo me acelero y me confundo, no, bueno, sí..., espera..., aunque al fin me acuerdo, ¡ah, ya sé!, duendes, duendes grandes, mayores que el oso, duendes transparentes que no ocupan lugar bajo la luna, y Mamut me mira, pero ¿no era por la tarde?, Mamut es mayor y reflexivo, se acuerda de todo, y yo le digo, sí, pero da igual, además, por la tarde también se puede ver la luna, ¿tú nunca la has visto?, y debe de ser por la tarde porque yo creo que ya hemos comido, ¿no te acuerdas?, tortilla de patata..., mmm..., ¡qué buena!, y tú comías las cortezas de los quesos y las tiras blancas del jamón, que no eran ilusión, ¿eh?, que eran de verdad, y el perrín tiene un estremecimiento y emite uno de esos ladridos sordos que casi no se oyen, porque ¿no sueñan también los perros? Quizá él vio al oso descender del árbol y apartarse con premura, ¡por ahí vienen los humanos!, ...dita sea, hay que poner tierra por en medio..., y el oso se va protestando, desaparece el peculiar aroma que lo delata –que seguramente tiene algo que ver con el vinagre y otras especias que están usando en la frontera cocina–, y al fin se queda tranquilo y deja escapar un suspiro. ¡Ya se fue!
Mará, sin embargo, no ha dejado de ver el bosque, ¡qué va!, porque la fronda permanece inalterable. Ya no está el oso, que a saber adónde se ha ido, y tampoco están las mariquitas, que se habían constituido en asamblea, pero quedamos nosotros, los espíritus del bosque..., no, los duendes, Mamut lleva un sombrero muy raro y zapatos puntiagudos con estrellas pintadas..., no, tampoco, no son pintadas sino estrellas de verdad, casi no puede andar, el pobre, aunque como es transparente yo creo que le da igual, vamos por el caminito entre los árboles y nos paramos en donde queremos, él lo huele todo y yo miro dentro de los agujeros de la tierra y de los árboles, a lo mejor encuentro algo, y cuando durante un momento la espesura se aclara oigo una guitarra, aunque es al otro lado del valle, en las montañas de enfrente, ¿será mi padre?, ¿por qué he pensado en él?, será porque también es grande, él sí que es grande, más alto que las montañas blancas, y lleva las botas de siete leguas y a cada paso que da avanza tanto que no le podemos alcanzar, sus zancadas resuenan en el bosque y los animales se apartan, vámonos de aquí, que llega el gigante de pies de hierro..., pero no todo es una ilusión, no, una quimera, porque cuando salimos al claro que hay en la falda de las montañas, allí está él, mi padre, es por la tarde y está sentado como antes el oso, con la espalda apoyada en un árbol, es muy grande, pero eso ya lo he dicho antes y no me da miedo, y tiene la guitarra entre las manos, mira al cielo y canta por lo bajo, aunque luego se pone en pie y canta más alto mientras rasguea el instrumento..., allí está, pero él tampoco nos ve porque somos transparentes, y nos acercamos hasta colocarnos a su lado, ¿cómo se llama esa canción?, se llama Bésame mucho, sí, como si fuera esta noche la última vez...
[...]

Y hasta aquí llegó la broma, que por hoy ya he dado bastantes ideas. El que quiera saber más, que mire en ESTE SITIO